Historia de una portada


© Manuel Nonídez, 2006
Dibujo de Alberto G. Ayerbe
Primer boceto
Aún estaba por fallar el jurado cuál de las tres obras finalistas sería la ganadora.
Se desestimó porque daría al libro un aspecto "juvenil" que no se buscaba.
Se pretendía dejar claro que era una novela para adultos.
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Segundo boceto.
Estábamos en el buen camino, pero resultaba de trazo excesivo.
Se decidió modificar a Sacramento y colorear el dibujo.
Portada original.
Como se puede apreciar, un excelente trabajo de Alberto.
No obstante, se consideró que continuaba dando idea de novela juvenil, cosa que en absoluto se pretendía.
Se tomó la decisión de modificar la imagen general de la portada, utilizando parcialmente el dibujo.
Es evidente que no se hizo justicia con la obra de Alberto, pero ante todo estaba el lector.
Portada final.
Después de darle muchas vueltas, se optó por este diseño que parecía unificar las ideas de cuantos interveníamos.
Como queda demostrado, no es tan secillo decidir la imagen que ha de transmitir una novela, la que ha de señalar su espíritu.