La Feria en torno al Estadio del Molinón

© Manuel Nonídez, 2006

Que veinte años son nada...
Un día entre semana, a las seis de la tarde, cuando empezaban a llegar los madrugadores.
Chiringuitos para matar el gusanillo, que no sólo de libros vive el hombre.
Dos moais de la isla de Pascua custodiaban, impertérritos, el acceso a las oficinas de la Organización.
Llegada a la Feria. Junto a un pie del Increible Hulk. Por suerte, de resina.
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