© Manuel Nonídez, 2006


Diario EL COMERCIO (Gijón, 10 julio de 2007)
       Onda expansiva
       En el setenta y uno ya conocía a Paul Éluard, (Eugène Grindel en las credenciales), al menos una parte ínfima de su obra.
       El comunismo permanecía vivo, pulsante, y en clandestinidad, y sus poemas eran casi fruta prohibida. Por eso, encontrar su nombre citado en un libro impreso en España. "Hay otros mundos, pero están en este", causaba cierta sorpresa. Todo se aclaraba al leer en los créditos que Plaza & Janés había negociado los derechos de "El retorno de los brujos" con las suiza Ferenczy Verlag para su colección "Otros mundos".
       Hoy, óptica de la edad por medio, la obra de Pauwels y Bergier se deshace, ingenua, en las manos, pero con diecisite años y las hormonas en pleno proceso de evolución y crecimiento, me resultó un libro revelador, iniciático, un viaje alrededor del mundo, sin ensuciarse los zapatos. El síndrome del viajero quieto.
       Lector compulsivo, para el verano del setenta y uno, London, Lovecraft, Bierce, Stevenson, Verne, Poe y otros tantos, aguardaban en las estanterías pacientes relecturas posteriores. Los clasicos nacionales  e italianos eran viejos conocidos de bachillerato, y ya había matado al ruiseños a sangre fría cuando "El villorrio" de Faulkner, en la "Colección Reno", de Caralt, editor, hacía tiempo que se travestía de "El largo y cálido verano" en la gran pantalla. Buscaba entonces, sin saberlo pienso, nuevos autores y nuevas novelas, cuando un universo pleno de ellas me cayó al lado, y lo que era mejor: aún sin escribir.
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