El lado oscuro de la luna
(Jóvenes. A partir de 14 años)
Ante la perspectiva de entregarle a su padre una nueva ristra de suspensos, Juan, el murciélago, se escapa de casa y entra en el lado oscuro de la ciudad, que en nada se diferencia del otro, el de la luna, invisible en su proximidad, frío, temible..., y a la vez, lleno de misterio, peligro..., y amigos.
-¿Por qué os quitan la fruta los municipales?
-Los de los mercados se quejan de que les levantamos la clientela.
-¿No te sería más barato pagar la licencia que quedarte sin mercancía cada dos por tres?
-¡Quita de ahí! ¡Papeles! Los payos queréis papeles pa tó: pa comprar, pa vender, pa respirar…, ¿Pa qué quiero tantos si no sé lo que dicen?
-¿No sabes leer?
-Los gitanos fiamos de la palabra de un hombre sin obligarlo a que la ponga sobre blanco.
-Entonces…, ¿cómo te sacaste el carné de conducir?
-Yo conduzco desde tu edá, ya ves, pero nos hicieron ir a un cursillo en el que había un gaché que te iba explicando lo que salía por una tilivisión y nos preguntaba. Aluego nos dieron los carnés. ¡Pero lo de la fruta es otro cante! Como es mercancía perecen…, perecerde…, vamos, que se echa a perder, los munipas se reparten entre ellos lo que nos retiran y asín su familia estira la paga hasta final de mes. Lo que sobra lo llevan a los albergues municipales y a las parroquias que reparten comida de caridá… ¡Pa que aluego digan que los gitanos semos antisociales!... -Casimiro rió entre dientes-. ¡Rosi!... ¿Está la jala?
(Fragmento)
Ya en las afueras de la ciudad sacaron la furgoneta del arcén y en la entrada de un sendero montaron la toldilla bajo la que cocinaba Rosaura en un hornillo de gas. A Juan le humedecía la lengua el aroma que el puchero dejaba en el aire.