El perfume del diablo
(Novela negra)

     En los trabajos de restauración de una antigua iglesia desconsagrada del centro de Madrid, una investigadora consigue descifrar lo que parece un mensaje oculto en un grupo de capiteles. Algo terrible sucede entonces y Albert Thomas se ve envuelto en una trampa que escapa a su comprensión inmediata.
        El perfume del diablo es la primera investigación dada a la prensa de Alberto Mas, alias Albert Thomas, cínico y desencantado periodista del mundo de la parapsicología.

© Manuel Nonídez, 2006
(Fragmento)

       La escalera crujió a su espalda alimentando de quimeras el vientre adormecido de la iglesia.
La amenaza de un daño, aún imaginario, perturba el ánimo y desata una tormenta de angustia que termina anclándose en el estómago. La mujer, fuerte y consciente de la lucha que debía mantener contra su miedo, lograba sobrellevarlo tomando el argumento por su parte débil, por una palabra: imaginario.
Había llegado poco antes del anochecer para completar el trabajo sin intrusiones, ahora comprobaba el resultado de su labor acodada sobre el balaustre del coro. Desde allí, la oscuridad perfecta del piso inferior se veía rota por un reguero de velas encendidas entre los escombros. Una larga serpiente de luz que moría en el ábside e iluminaba unos centímetros en torno a sí pergeñando nubes parpadeantes en la base de los muros y rindiendo los ángulos muertos al mundo de la penumbra.
Ya tenía cuanto necesitaba. La respuesta estaba ante sus ojos, transcrita en el garabato casi espiral del papel unido a la carpeta. Sólo un minuto, uno más, el preciso para corroborar su hallazgo sin margen de error, y podría abandonar el recinto. Retiró las gomas del cartapacio y extrajo el libro para comprobar los textos.
Esta vez percibió nítido al fondo de la nave el largo quejido de unos goznes sin aceitar, quizá una puerta abandonada al antojo de la brisa nocturna, que puso una nota tétrica en el sobrecargado ánimo de la mujer. Le trajo el recuerdo de un manido recurso de película de género que no le calmó la inquietud. Mejor salir de allí. Desde pequeña tenía miedo de la oscuridad, luego, los años contribuyeron a limar sus temores pero nunca los borraron del todo.
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